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La importancia de una estrategia procesal bien preparada: cuando la diferencia está en lo que se hace antes de llegar al tribunal

BRAVO DUTARY LARA & ASOCIADOS · Octubre de 2026

Hay una idea profundamente equivocada sobre el ejercicio de la abogacía: que los procesos judiciales se ganan por la elocuencia con la que se habla ante un juez.

La imagen es atractiva: un abogado se levanta, pronuncia un discurso memorable y consigue que la justicia se incline a favor de su cliente. La realidad de los tribunales, sin embargo, suele ser bastante menos teatral.

Una argumentación brillante difícilmente compensa la ausencia de pruebas indispensables. Tampoco corrige por sí sola una actuación presentada fuera de término ni transforma en jurídicamente relevante aquello que nunca lo fue.

Las audiencias importan. Pero buena parte de lo que puede lograrse en ellas depende de decisiones tomadas mucho antes. Una estrategia procesal no comienza cuando el abogado toma la palabra. Comienza cuando aprende a distinguir lo que su cliente desea de aquello que jurídicamente puede obtener.

Antes de formular una pretensión, hay que comprender el conflicto

Todo proceso comienza con una historia. El cliente relata lo ocurrido, identifica lo que considera injusto y explica qué solución espera. Escucharlo es indispensable. Pero escuchar no es suficiente.

El abogado debe reconstruir los hechos, identificar las cuestiones controvertidas y determinar cuáles tienen consecuencias jurídicas. Eso exige preguntas incómodas: ¿qué pasó exactamente?, ¿cuándo?, ¿qué lo respalda?, ¿qué evidencia podría contradecirnos?, ¿cuáles son las fortalezas de la posición contraria?

Un análisis responsable no se limita a buscar argumentos favorables. También descubre las debilidades. Porque una estrategia construida sobre una comprensión incompleta puede parecer sólida hasta que la contraparte comienza a examinarla.

Conocer nuestro caso es indispensable. Comprender cómo podría ser cuestionado es lo que permite prepararlo.

La prueba: donde los argumentos encuentran su fundamento

Los tribunales valoran los hechos jurídicamente relevantes conforme a las reglas probatorias aplicables. Por eso no basta con reunir documentos y esperar que hablen por sí solos: cada medio de prueba debe cumplir una función.

Un contrato puede demostrar obligaciones; una comunicación, reconstruir acontecimientos; una pericia, ofrecer conocimientos técnicos. Pero cada elemento debe examinarse a la luz de lo que pretende acreditar y de su licitud, pertinencia, admisibilidad y valor probatorio.

Una gran cantidad de documentos no necesariamente constituye una mejor prueba. A veces unos pocos elementos correctamente seleccionados explican más que un expediente saturado de información irrelevante.

La finalidad de la prueba no es llenar un expediente. Es permitir que los hechos relevantes se establezcan mediante medios legítimos.

El tiempo también forma parte de la estrategia

El proceso no es una conversación que pueda retomarse libremente en cualquier momento. Tiene reglas, etapas, términos y oportunidades. La pérdida de una oportunidad procesal no siempre puede repararse después, por convincente que resulte el argumento.

En Panamá, la Ley 402 de 9 de octubre de 2023 adoptó el Código Procesal Civil, cuya entrada en vigor general fue el 11 de octubre de 2025. Su énfasis en oralidad y concentración refuerza la importancia de la preparación.

Cada jurisdicción, no obstante, conserva sus particularidades. No existe una estrategia universal que pueda trasladarse mecánicamente de lo civil a lo penal o familiar. La técnica comienza por entender las reglas del escenario donde se litiga.

Una buena estrategia también contempla aquello que puede salir mal

Es tentador preparar un caso imaginando únicamente el resultado que deseamos. Pero puede aparecer una prueba inesperada, un testigo declarar algo distinto o un tribunal rechazar una interpretación.

La planificación requiere anticipar escenarios alternativos: no adivinar el futuro, sino identificar riesgos, comprender consecuencias y considerar las opciones legalmente disponibles.

La prudencia no es señal de debilidad. A veces impide que una controversia manejable se convierta en un problema mayor.

La relación entre el abogado y su cliente

Ninguna estrategia se desarrolla adecuadamente si el cliente desconoce su propósito. El abogado debe explicar alternativas, riesgos y consecuencias previsibles. El cliente necesita aportar información completa y veraz, incluso cuando resulte desfavorable.

Ocultar hechos relevantes al propio abogado no fortalece el caso: puede comprometerlo cuando esos hechos aparezcan y ya no exista oportunidad de responder.

La confianza profesional no consiste en prometer que todo saldrá bien. Consiste en preparar el asunto con seriedad y explicar con claridad aquello que puede ocurrir.

La estrategia no debe confundirse con la confrontación

Un abogado no demuestra mayor compromiso por ser más agresivo. La firmeza profesional no se mide por el volumen de sus intervenciones ni por la cantidad de incidentes que promueve.

Los argumentos requieren fundamento y las solicitudes una finalidad legítima. En ocasiones negociar será mejor que prolongar un litigio; en otras, defender los derechos exigirá agotar los recursos legalmente disponibles.

Litigar bien no significa discutirlo todo. Significa saber qué debe discutirse, por qué y con qué finalidad jurídica.

La preparación no garantiza el éxito, pero evita improvisar con los derechos ajenos

El resultado judicial depende de muchas circunstancias: las pruebas, la interpretación jurídica, las actuaciones de las partes y la valoración judicial. Nadie debería prometer una sentencia favorable.

Pero esa incertidumbre no disminuye la importancia de prepararse. La vuelve más necesaria. Una estrategia bien construida identifica objetivos alcanzables, organiza los medios, anticipa dificultades y presenta pretensiones o defensas con claridad.

El talento puede dar fuerza a un argumento. La experiencia puede enseñar cuándo utilizarlo. Pero es la preparación la que permite construir una defensa capaz de sostenerse cuando comienza el verdadero examen judicial.

La justicia no debería depender de quién pronuncie el discurso más memorable. Nuestra responsabilidad es procurar que, cuando llegue el momento de hablar, los argumentos ya tengan el respaldo que necesitan.

Referencias jurídicas: Constitución Política de Panamá; Ley 402 de 9 de octubre de 2023.

Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye el asesoramiento jurídico sobre una situación particular.